No es que ahora esté tan gordo que no pueda caminar pero lo cierto es que mi barriga empieza a alcanzar un tamaño considerable. Algunos "amigos" incluso la han comparado con la de Lamamá, pero claro, ella en un par de meses la perderá en el paritorio.
Nunca he sido muy amante de los gimnasios. Esos machotes musculados, pelados, haciendo pesas como si les fuera la vida en ello me imponen mucho respeto. Me recuerdan a mi tierna adolescencia cuando entraba a la discoteca rápidamente sin apenas mirar a los ojos al de seguridad no vaya a ser que me pida el carnet y me quede otro fin de semana sin ver a la chica que me gusta (y a la que, por supuesto, no voy a decir nada que me muero de la vergüenza)
Así que, pese a que siempre he dicho que correr es de cobardes, he rescatado las viejas zapatillas que compré cuando decidí apuntarme al equipo de futbito de mi hermano (al que solo me presenté a un partido), que después utilicé para jugar un par de partidas de padel aprovechando que un amigo tenia pista en la urbanización y que, desde entonces, vivían felizmente en el fondo del armario, igual que Willow (la de Buffy cazavampiros) en las primeras temporadas.
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| Así es como me veo cuando salgo a correr |
Si hay algún o alguna runner entre los lectores y me quiere dejar algunos consejos, los acepto encantado ¡Faltaría más! pero recordad que mi intención no es presentarme a la próxima edición del Iron Man, solo decirle adios a mi barriga.
